
Ahora, a esa misma plaza, ha llegado un imponente turista accidental: El pensador, de Rodin.
Hoy, en mi ya habitual paseo entre el juzgado y el altar, me lo he quedado mirando y me he puesto a pensar. (Es lo que tiene mirar a El pensador, que uno acaba pensando. No quiero ni imaginar cómo acaban los que van a Khajuraho.)
Y pensando, pensando, ¿y lo bien que estoy yo así? Esto de buscar esposo... ¿qué necesidad? ¿Qué necesidad de seguir alimentando este blog?